Recreación civil y militar. Volviendo a Collserola

Animado por la ingente actividad de Oriol en sus rutas de senderismo, le propuse sumarme a alguna de las salidas, con atuendo vintage civil (no fue ajena a esta idea la reciente publicación de Pablo G. en ese sentido, como acicate adicional).

Mi afición al vintage no es nueva, y de hecho en mi día a día incorporo frecuentemente, en parte o al completo, ese tipo de ropa, sea en forma de piezas auténticas o reproducciones, pero sí era la primera vez que me animaba con un conjunto sport para salir a la sierra.

Mi selección consistió en un polo de manga larga, con el característico cuello puntiagudo y un cierre menos visto, a base de presillas, en lugar de ojales, para sujetar los botones; unos pantalones tipo breeches (también conocidos como “bombachos”), con calcetines a modo de polainas; una gorra de vuelo amplio, en este caso de cuatro paneles; y borceguíes.

Por la combinación de elementos, podríamos situar el conjunto en c. 1930. Los pantalones breeches se ven frecuentemente en fotografías de senderistas (hikers) o montañeros de esos tiempos, aunque ya conviviendo con los pantalones anchos tipo “noruego” o “de golf” (confusamente, estos también se pueden encontrar llamados “bombachos”), estilo que acabará por imponerse. Los breeches también son la prenda elegida muy a menudo por motoristas, aviadores, y otros “aventureros” de las primeras décadas del s. XX.

La ropa “de época” son reproducciones; el polo y la gorra de firmas especializadas en patrones vintage, de SJC (UK) y Barry Simonds (USA), respectivamente; y los pantalones, una réplica del modelo militar español de los años 30.

Por cierto, mi imagen general recuerda un poco a los famosos voluntarios norteamericanos de la “Brigada Lincoln”, que llegaron a España en el 36 vistiendo camisas azules y breeches caqui, seguramente excedentes del ejército de su país.

Un inciso, sobre una cuestión en la que quizá otro día abundemos. Por lo que a recreación “civil” se refiere, la atención a los patrones y detalles característicos de la moda de otras décadas es clave en dar una impresión convincente; demasiado a menudo se ven recreadores que han montado un conjunto de la Belle Époque o de los años 30 a base de prendas “de vestir” de las que tienen por casa para bodas, bautizos y comuniones, más alguna cosa “vieja” que no suele ser de más allá de los 70, y algún “toque de época” estereotipado, como por ejemplo unos tirantes (¡de clip!) o una pajarita (prefabricada). En muchos casos, el aspecto general no pasa de una impresión “retro” indefinida y vaga, que seguramente basta para evocar “gente antigua” al público en general, pero que no resiste el más mínimo examen de cualquiera que esté familiarizado con el tema.

Paso ahora a dar cuenta de mi experiencia en esta mi primera salida por la sierra.

No nos vamos a engañar respecto a que la ropa era más calurosa de lo que me hubiera puesto en una excursión “normal” del s. XXI, pero de ninguna manera era insoportable. Y “sarna con gusto no pica”, como dice aquél… La gorra, con su generoso vuelo, sirvió bien para protegerme del sol. Los breeches son cómodos para la actividad física; no en vano, son un diseño pensado precisamente para eso, y son anchos en la parte de los muslos para facilitar el movimiento (con el advenimiento de las fibras elásticas, estos patrones se harían innecesarios).

Como senderista novel, me di cuenta enseguida de la importancia de llevar un bastón para estos recorridos; aunque no llegaba ni a montañismo light, la ruta comprendía zonas de ascenso y descenso por las laderas en las que el bastón se revela de gran ayuda. Ahora me falta aprender a usarlo bien…

Naturalmente, mi aspecto atraía las miradas de cualquier otro caminante o ciclista que nos cruzamos; es lógico (y más cuando es una “aparición” aislada, fuera de un evento de recreación colectivo) y es algo que asumo y no me importa.

Tal como está ahora el panorama de la recreación a causa de la emergencia sanitaria, este tipo de salidas son una alternativa que permite volver a vestirse de época. También, al ser una actividad deportiva, se puede hacer sin mascarilla, lo que, francamente, se agradece.

Una primera experiencia muy satisfactoria. ¿Cuándo hacemos la siguiente?

En mi caso, y ya basándome en las dos anteriores experiencias, en las que había realizado dos salidas, una sin correaje y la otra con él, aunque fuese ligero. Subiendo esta vez y llevando un uniforme más completo.

Y si la ropa venia a ser la misma que los anteriores casos, todo lo que iba encima era nuevo, y es que esta vez la idea era experimentar la movilidad y hasta que peso te puedes mover con cierto confort.

En concreto llevé cinturón Sam Brown con pistolera vaciá, binoculares con su estuche y dos zurrones, en una los útiles que podría necesitar como observador y en la otra los de higiene y comida. Llevándolos cruzados a modo de distribuir el peso lo mejor posible.

La ruta, que en si no es un equipo, pero marca les dificultades que te puedes encontrar, una arrancada en subida que lleva de Monestir de Pedralbes hasta Sant Pere Màrtir, llegando a la cresta vía el cortafuegos y la antigua mina de agua. Poniendo a prueba los equipos en una subida sostenida.

Y si en si toda la ruta es una experimentación, podemos decir que una de ellas fue probar los binoculares, y el funcionamiento de sus ópticas, que todavía enfocan a pesar de tener alrededor de setenta años. Puede parecer una tontería, pero si un equipo es funcional hace una recreación más completa.

Respeto al peso, nada exagerado que fuera insufrible. Teniendo en cuenta que esta uniformidad de dos zurrones puede ser para más casos, y es que, por ejemplo, si cambiamos los equipos de observador por cargadores de fusil ametrallador y otros artículos de mantenimiento de la herramienta, ya tenemos el equipo de artillero de ametralladoras. Exceptuando el hierro obviamente, no podemos sacarlo a pasear en circunstancias normales.

Entonces, podemos decir que es un equipo lleva-ble en traslado, aunque no tengo tan claro que en combate un de los dos zurrones se quedase en el lugar que sirve de alojamiento.

Respeto a la distribución de doble zurrón, el único «problema» es el volumen que pasas a ocupar, que en ciertos espacios los tendrás que tirar más a la espalda para reducirte y poder pasar.

Respeto a la sorpresa causada, poco puedo añadir respeto Daniel, aunque quizá a mi no me viniera tan de nuevo, pienso que si vamos «armados» con algún tipo de folleto con explicaciones rápidas podemos convertir estas salidas en expediciones didácticas más allá de las redes sociales. Por ahora el único campo en que nos dejan actuar por razones sanitarias, volviendo, ni que sea en una décima parte al espíritu que nunca debe abandonar la recreación. Llegar a nuevos públicos y que esta actividad se vaya normalizando.

Y ya acabando, a la pregunta de cuando sera la próxima, su respuesta es fácil. Muy pronto, ya que hay muchas cosas que solo hacemos un rato en recreación, sea estática de expositores o dinámica en batallas, y estas salidas son magnificas para probarlas en una aproximación a la realidad. ¿Os animáis?

Daniel Alfonesa Romero / Oriol Miró Serra

1 de septiembre de 2020.

VERSIÓN CATALANA

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